domingo, 23 de octubre de 2011

Reestructuración de las relaciones colombo – venezolanas y perspectivas del comercio bilateral.

Fernando Gerbasi


Colombia siempre ha estado presente, de una manera u otra, en el accionar político del Presidente Chávez. A raíz del fallido  golpe del 04 de febrero de 1992, emitió, conjuntamente con sus compañeros de armas que lo acompañaron en su intención de romper el hilo constitucional, un documento  exigiendo  la paralización de todas las negociaciones con Colombia que adelantaba el gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez. Consideraban  que éste no contaba con el apoyo nacional, y atacaron duramente toda la política que venían adelantado los gobiernos de Colombia y Venezuela a partir de la firma del Acta de San Pedro Alejandrino de marzo de 1990. Culpaban a Colombia de presionar indebidamente a Venezuela, particularmente al amenazarla de querer llevar a terceras instancias la delimitación de las  áreas marinas y submarinas en el Golfo de Venezuela.

La política exterior adelantada durante los once años correspondientes a los gobiernos del presidente Hugo Chávez, ha estado directamente vinculada y refleja los avances logrados internamente por la Revolución Bolivariana para llegar,  de manera paulatina pero sistemática, a  lo que el propio Chávez ha denominado el “socialismo del siglo XXI”. Ello, porque “la evolución del proceso revolucionario bolivariano es indisolublemente nacional-internacional”. Se trata de la proyección hacia el exterior de la política interior.

Esta política exterior se fundamenta en la confrontación entre dos polos ideológicos: capitalismo versus socialismo. Y,  como propuesta única y alternativa para Venezuela  y el mundo,  el “socialismo del siglo XXI” que emana de la Revolución Bolivariana. Consecuentemente persigue por una parte, consolidar internacionalmente la revolución que se adelanta  al interior del país y por la otra, colocar a Chávez como líder indiscutible de la izquierda internacional.

Para la proyección geopolítica regional y la subsistencia del proyecto socialista promovido por la Revolución Bolivariana, Colombia es una pieza fundamental. Consecuentemente, la confrontación ideológica de Chávez no es frente a tal o cual gobierno legalmente constituido en Colombia sino frente al sistema Colombia, es decir, frente a lo que él denomina las “oligarquías colombianas”. Indudablemente dos concepciones ideológicas se contraponen, en especial en lo que se refiere al ejercicio y ejecutorias democráticas, las relaciones regionales, el equilibrio geopolítico y finalmente, en cuanto al rol del comercio internacional como elemento dinamizador del desarrollo económico-social interno.


Estos últimos once años se han caracterizado particularmente por crisis recurrentes, cada vez más frecuentes y más profundas, que en ciertos momentos pusieron en verdadero peligro un mínimo entendimiento entre las dos naciones. Las causas de ello lo encontramos esencialmente en las diferencias ideológicas que separan a Chávez del estamento político, empresarial y militar colombiano. En fin, las relaciones entre los dos países se trocaron en un ejercicio hasta cierto punto desgastante, conflictivo, personalista, no cooperativo, de desconfianza mutua, de amenazas y extorsión bilateral.

Otro factor que ha influido  dramáticamente en las relaciones bilaterales lo constituyen los Estados Unidos. El presidente Chávez tiene un plan geoestratégico que se propone la construcción de un nuevo mundo multipolar basado en la creación de nuevos polos de poder que representen el quiebre de la hegemonía del “imperialismo norteamericano”. Consecuentemente, confronta permanentemente al  “imperialismo norteamericano”, por lo que  las relaciones especiales de los Estados Unidos con Colombia y  la existencia del Plan Colombia son percibidos como una amenaza latente para la revolución bolivariana,  lo que a su entender conduciría a una guerra asimétrica  contra el imperio norteamericano y su aliado Colombia.

Pero de todos y sin lugar a dudas, el factor de mayor  perturbación en las relaciones bilaterales han sido las relaciones equívocas, ambiguas y dudosas que a lo largo de estas dos últimas décadas se han tejido entre el presidente Chávez o miembros de su gobierno con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC -EP). Ello llevó, por cierto, a que  las relaciones colombo venezolanas comenzaron a sufrir desde 1999, en lo diplomático y político,  un importante deterioro en beneficio de una importante intensificación de la cooperación con Brasil.

Ahora bien, a pesar de los  temores que  producían altibajos en las relaciones políticas bilaterales, y de las constantes restricciones impuestas por las autoridades venezolanas al comercio bilateral, parecía que el comercio era inmune a los avatares de la política, y ello en gran parte como consecuencia de un buen entendimiento de los sectores privados de ambos países. Tal es el caso que si bien el comercio se vio afectado a principios del presente siglo, debido a las dificultades por las que atravesaban ambas economías, desde el 2004  creció de manera constante aunque profundamente desequilibrado, puesto que mientras en el año 2005 por cada dólar exportado por Venezuela importábamos 1,72 dólares desde Colombia, para el año 2008, por cada dólar exportado importamos 5,34 dólares. Esta tendencia se pronunció, aún más,  durante el primer trimestre del  2009, ya que las cifras indicarían que la relación se elevó 10 a 1. Ciertamente, esto es ante todo consecuencia de una destrucción importante del aparato productivo venezolano, en particular el privado, por ataques constantes a la propiedad que se traducen, entre otros, en expropiaciones o confiscaciones. Lo cierto es que hoy por hoy existe una mayor concentración en un solo producto en nuestras exportaciones toda vez que el 94% de las mismas es petróleo o sus derivados. Del 6% restante, que representa unos 3.600 millones de dólares, solo entre 1200 y 1500 lo constituyen las exportaciones del exiguo sector privado venezolano.


En el año 2008 el intercambio comercial bilateral alcanzó su valor máximo histórico, con la  cifra de unos 7.200 millones de dólares, de los cuales seis mil millones correspondían a las exportaciones colombianas y unos 1.200 a las venezolanas. Las ventas colombianas a Venezuela adquirieron una relevancia fundamental para nuestro país frente a la crisis global. Simultáneamente,  nuestro mercado fue muy importante para las manufacturas colombianas  como consecuencia de la no aprobación del TLC por parte del congreso de los Estados Unidos de Norteamérica.

Como consecuencia de la información que se diera de que Colombia negociaba con los Estados Unidos de Norteamérica un acuerdo bilateral que permitiría a este último utilizar siete bases militares colombianas, el presidente decide, en declaración que realiza el 21 de julio de 2009,  revisar las relaciones con Colombia.

Consecuentemente el gobierno venezolano anunció y aplicó las siguientes medidas administrativas frente a Colombia:

  1. Congelamiento de Relaciones Comerciales,
  2. Retraso o suspensión de trámites administrativos (permisos, registros y  licencias) para productos colombianos,
  3. Retraso en la emisión de Certificados de Origen para productos venezolanos hacia Colombia,
  4. Retrasos en la liquidación de divisas por parte de CADIVI para importaciones colombianas, con excepción de “importaciones productivas”, 
  5. Seguimiento a las importaciones Colombianas,
  6. Anunció la posible nacionalización de empresas colombianas (28/07/09)
  7. Suspensión de ventas de combustibles a Colombia (Agosto 09)
  8. Suspensión de frecuencias a líneas áreas de carga y de pasajeros colombianas (Septiembre 09)
  9. Fortalecimiento de controles contra el contrabando de extracción
  10. Suspensión de inspecciones fito-zoosanitarias a productos y subproductos vegetales y animales provenientes o destinados a Colombia.
  11. Tratamiento diferenciado y discriminatorio en Providencia Nº 099 de CADIVI, G.O. 39.316 del 27 de noviembre 09, pues establecía límites de gastos menores que hacia cualquiera otro destino turístico.
  12. Nacionalización de la Cadena de Tiendas ÉXITO.

A raíz de todas estas medidas, el intercambio bilateral colombo – venezolano sufrió una contracción de -37%,  durante el año de 2009, por lo que descendió hasta 4612 millones de dólares, correspondiendo 4049 millones a las exportaciones colombianas y 563 millones a las venezolanas. El primer semestre de 2010 ha sido peor aún. Las exportaciones colombianas hacia Venezuela cayeron durante estos seis meses en un 72% alcanzado la cifra de 849 millones de dólares, y las venezolanas se contrajeron en un 53%, situándose tan sólo en 162 millones de dólares. Estamos regresando a los primeros años de la década de los noventa cuando ya se comenzaba a hacer un esfuerzo en la promoción del comercio bilateral que finalmente despegó, de manera importante y sostenida, a raíz de la liberación del intercambio bilateral y la adopción de un arancel externo común.

El triunfo del Presidente Juan Manuel Santos.

El triunfo de Juan Manuel Santos a la presidencia de Colombia fue tan contundente,  que en el ámbito bilateral puede interpretarse como una derrota más a las aspiraciones del presidente Chávez de  proyectar, a nivel regional,  su revolución bolivariana, ya que de esta manera Colombia, pieza clave en esta estrategia, por voluntad popular le dio un no rotundo.

A pesar de lo dicho contra el presidente Santos durante la campaña electoral colombiana, su triunfo, así como otros factores que entraron en juego, hicieron cambiar radicalmente la postura de confrontación que hasta ese entonces venía asumiendo el presidente Chávez frente a él.

Esos factores fueron los siguientes y el orden en que los presento no indica ninguna precedencia:

El presidente Chávez estaba consciente que la confrontación constante con Colombia y la delicada situación en que se encontraban las relaciones bilaterales, aunado a la relación geoestratégica con Irán país condenado en cuatro oportunidades por el Consejo de Seguridad de la ONU, afectaba adversamente su imagen internacional. Hay que recordar que para él es de la mayor importancia el aval de la comunidad internacional a su comportamiento democrático y a la gestión pacífica de su revolución.

Varios líderes latinoamericanos, en particular Fidel Castro y Luis Ignacio Lula Da Silva, le recomendaron enfáticamente la necesidad, para preservar su imagen internacional así como la paz y estabilidad regional, que normalizara sus relaciones con Colombia. Algunos han señalado, quizás con razón o buena parte de ella, que la gira que realizara Juan Manuel Santos, en calidad de presidente electo, por varios países latinoamericanos contribuyó a estos llamados. Pero no se nos escapa que para un Brasil emergente, con un papel cada vez más relevante en las relaciones internacionales, la paz y estabilidad regionales son esenciales por lo que no puede permitir la mínima posibilidad de un conflicto entre países suramericanos, particularmente cuando estos son Colombia y Venezuela con los cuales mantiene excelentes y crecientes relaciones económicas y comerciales.

Las denuncias que adelantara el presidente Uribe, primero ante la OEA y luego por vía de un abogado ante la Corte Penal Internacional, sobre la presunta presencia de jefes guerrilleros en Venezuela. Ciertamente lo de la Corte Penal Internacional tiene que haber tenido un efecto mayor pues lo de la OEA, por razones de carácter geopolítico, era más controlable.

Finalmente, pero por ello no menos importante, las elecciones parlamentarias venezolanas que tendrían lugar pocas semanas después, es decir el pasado 26 de septiembre, influyeron en el cambio de postura frente a Colombia. Pienso que para el gobierno era muy importante ganar en el Estado Táchira, que está en manos de un gobernador opositor y cuya ciudadanía ha sufrido, de manera implacable, los rigores del desabastecimiento de ciertos productos alimenticios y de gasolina, así como la cuasi paralización de su economía, como consecuencia del resultado del congelamiento de las relaciones con Colombia. Quizás fue esa la razón para que el PSUV designara al Canciller Maduro como Jefe de campaña electoral en ese Estado.

Tres días después de la toma de posesión del presidente Santos tuvo lugar en la ciudad de Santa Marta, el 10 de agosto de 2010, el encuentro con el presidente Chávez para restablecer las relaciones diplomáticas.


Ahí acordaron “relanzar la relación bilateral  con base en un diálogo transparente, directo, respetuoso y privilegiando la vía diplomática.” y decidieron “avanzar en la integración bilateral en beneficio del desarrollo de los dos pueblos y particularmente de las zonas y comunidades fronterizas, donde acordaron impulsar programas conjuntos en materia social y económica.”

Crearon cinco importantes comisiones:


La primera para el pago de la deuda y reimpulso de las relaciones comerciales. La segunda  para trabajar un acuerdo de complementación económica entre ambos países. La tercera para desarrollar un plan de trabajo de inversión social en la zona de frontera. La cuarta para el desarrollo conjunto de obras de infraestructura, y la quinta de seguridad. Pero además, establecieron un Mecanismo de Cooperación a nivel de ministros de Relaciones Exteriores para diseñar una estrategia conjunta, para abordar  las problemáticas de frontera en materia social, económica y de seguridad, que entre otros fines, busque prevenir la presencia o acción de grupos alzados al margen de la ley y decidieron coordinar las actividades de los dos países con miras a aumentar la presencia de ambos estados en la zona de frontera.

Quiero subrayar que en esta declaración de principios ambos presidentes pusieron énfasis en la cuestión de los grupos alzados en armas, léase particularmente guerrilla, y por ello hablan dos veces de seguridad. Incluso al presentar estas conclusiones el presidente Santos recordó que en materia de seguridad existían experiencias que tenían que ser tomadas en cuenta lo que me hace suponer que hacía referencia a la Camisón Binacional de Fronteras, a nivel militar, que se creó en 1994 y funcionó con mucho éxito hasta el año 2000. Consecuentemente el presidente Chávez declaró que  no permitiría la presencia de grupos armados colombianos en territorio venezolano.

En Venezuela esta reunión y sus resultados fueron bien acogidos por los distintos actores, tanto políticos como empresariales, académicos y otros. La Mesa de la Unidad Democrática, que reúne a las fuerzas democráticas que son alternativa de poder, emitió una declaración al respecto. Incluso, desde mucho antes había ya hecho un llamado a los dos gobiernos para que normalizaran las relaciones bilaterales.

Los empresarios, por boca de FEDECAMARAS, expresaron en una declaración su satisfacción por los acuerdos alcanzados, solicitaron la participación del sector privado venezolano, que aún no se ha dado, y formularon un conjunto de recomendaciones a corto y mediano palo para fortalecer la confianza entre ambas naciones.

Ciertamente la declaración de Principios fue un importante paso adelante en el restablecimiento de las relaciones pero aún falta mucho por hacer para normalizarlas. A esta fecha los embajadores designados no han tomado aún posesión de sus cargos en Caracas y Bogotá, por citar un caso. Además, y esta es la opinión de muchos analistas venezolanos, si bien consideran positivo el resultado también piensan que éste fue ampliamente favorable a Colombia y se podían haber utilizado los mecanismos hasta entonces existentes para tratar la mayoría, si no todas las cuestiones, que se asignaron a las  cinco comisiones. En todo caso lo convenido en Santa Marta ha aplacado el clima de confrontación, ha dado inicio a un dialogo que privilegia los mecanismos diplomáticos por encima de la comunicación directa entre los dos presidentes como era norma hasta hace poco y prueba de lo que digo es el segundo encuentro de cancilleres que  tiene lugar el día de hoy. Además, el presidente Chávez en varias oportunidades ha reiterado la invitación a la guerrilla colombiana para que deponga las armas y se inserte en un proceso de diálogos que las conduzca a participar en la vida política de Colombia. Su gobierno ha hecho presos algunos narcotraficantes importantes que han sido deportados para Colombia o los Estados Unidos, siguiendo indicaciones del presidente Santos. Para mí todos, estos son signos alentadores, por ahora.


Las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre.


En este proceso electoral había que  escoger los 165 diputados nacionales que conforman la Asamblea Nacional y 12 diputados al Parlamento Latinoamericano (Parlatino). La Mesa de la Unidad Democrática, por primera vez en estos once años, presento una unidad perfecta con 165 candidatos. No se votó a través de una tarjeta única, cuestión que fue ampliamente debatida pero al final rechazada, si no a través de las tarjetas de los distintos partidos, grandes y pequeños, en total 36.

Hay que destacar que en el 2009 la Asamblea Nacional, con la connivencia del Consejo Nacional Electoral, reformó la Ley de Procesos Electorales, modificación que tuvo la siguiente característica: agrupó en circuitos nominales las parroquias donde la oposición tradicionalmente había sido mayoría, con lo cual elevó sensiblemente el costo electoral de cada diputado de este sector; esto ocurrió fundamentalmente en los grandes centros urbanos. En contrapartida, dispersó el voto en las regiones y parroquias donde el chavismo es más fuerte, con lo cual redujo el costo de los parlamentarios oficialistas; esto sucedió particularmente en los estados más rurales y en las ciudades más pequeñas.

Este trabajo de “reingeniería electoral” violó el principio de la proporcionalidad establecido en la Constitución de 1999 y le dio al oficialismo una ventaja muy amplia desde el inicio. Algunos expertos la calculan en 16 parlamentarios. Por ese cambio, en grandes ciudades como Caracas (el este) o Maracaibo, un diputado podía costar más de 150.000 votos, mientras un diputado en un estado pequeño como Delta Amacuro, podía costar apenas 40.000 sufragios.

La participación ciudadana en el proceso electoral fue muy importante pues  sufragó 66% del Registro Electoral Permanente (REP), esto es, unos 11.550.000 personas, participación muy elevada para este tipo de comicios.  Si nos basamos en el voto de los diputados para el Parlamento Latinoamericano, que era el único voto a nivel de circuito nacional, la MUD obtuvo 5,628.000 votos a los cuales habría que sumarle los 317.000 del PPT, lo que representa el 53%. Mientras que el PSUV más el Partido Comunista tan sólo obtuvo 5.268. 939, lo que representa el 47%. El número de votos nulos y de los sufragados a favor de pequeñas agrupaciones, fue de 522.122. La alternativa democrática se alzó -por lo tanto - con la mayoría de los votos depositados en las urnas electorales.

Este volumen de votos se tradujo en 67 diputados opuestos a las políticas gubernamentales: 65 para  la MUD y 2 para el PPT. En las elecciones del Parlatino obtuvieron 6 de los 12 cargos en disputa. No se lograron 7 representantes porque, a pesar de que obtuvieron más votos que el chavismo, las dos planchas de oposición que se lanzaron al margen de la MUD restaron un volumen de sufragios que habría sido suficiente para alcanzar ese séptimo representante.

El número de diputados nacionales logrados por la oposición  impide que el oficialismo  tenga las dos mayorías calificadas que establece la Constitución y que son necesarias para aprobar leyes orgánicas y designar las autoridades del TSJ, el CNE y el Poder Moral (Contralor, Fiscal y Defensor del Pueblo). Ahora el gobierno debería  negociar con la oposición la aprobación de las leyes orgánicas y el nombramiento de esos funcionarios. También le será más difícil aprobar leyes habilitantes que le confieren el poder absoluto para legislar.

Las consecuencias derivadas de los resultados del 26 de septiembre:

  1. El presidente Chávez salió derrotado porque se había planteado como meta obtener dos tercios de la Asamblea y transformó las elecciones parlamentarias en un plebiscito entorno a su figura y su gestión. A ello agrego que en todas las encuestas realizadas durante los últimos meses la población considera, por lo general en más de un 70%, que el gobierno no genera políticas públicas correctas para disminuir el desempleo, bajar la inflación, reducir la inseguridad personal y rechaza, con más del 80% el que se nos quiera llevar hacia un modelo socialista como el cubano.

  1. El presidente Chávez es minoría en el país. Si se hubiese tratado de una elección presidencial, habría sido derrotado. Por lo tanto, parte con un hándicap  para los comicios presidenciales de 2012.

  1. A pesar de haber obtenido menos votos el oficialismo logró la mayoría de diputados a la Asamblea Nacional pues se quebrantó  el principio de la proporcionalidad, toda vez que las circunscripciones fueron diseñadas a partir de una “ingeniería electoral” que privilegió a aquellas regiones donde Chávez es más popular, y le restó peso a aquellos Estados donde la oposición es más fuerte.

  1. Hubo estados muy importantes donde la oposición obtuvo una mayoría holgada de votos: Zulia, Miranda, Táchira, Carabobo y Caracas donde se ganó en votos emitidos por primera vez en doce años, aunque en algunos casos, como Carabobo y Caracas  no se reflejó en el número de diputados obtenidos como consecuencia de la “ingeniería electoral” a la que antes hice alusión.

  1. Los partidos políticos salieron fortalecidos. Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, Acción Democrática y, en menor medida, COPEI, se consolidaron como las principales organizaciones de la alternativa democrática. AD quedó como el principal partido opositor en 15 estados.

  1. El modelo comunista del presidente Chávez sufrió un duro golpe por segunda vez. La primera fue el 2 de diciembre de 2007 cuando el pueblo rechazó su proyecto de reforma constitucional.

  1. Esta victoria no significa que el presidente  dejará de seguir intentando aplicar su esquema estatista y autoritario procubano. Sin embargo, esa estrategia cuenta con una base popular menor. Además, queda demostrado que cuando el primer mandatario nacional desconoce la voluntad del pueblo de forma permanente los ciudadanos reaccionan con coraje. Los ejemplos de Miranda, Táchira y Zulia son aleccionadores. Estas entidades estatales fueron maltratadas  con especial rigor por la simple razón que  sus gobernadores son de oposición. Esa conducta fue castigada por el pueblo de esos Estados. La gente votó masivamente contra esa política. En estos Estados la gente votó para  reafirmar su apoyo a  la descentralización y la defensa de sus mandatarios regionales.

  1. Se consolidó la vía electoral, pacífica y constitucional para resolver los problemas políticos del país. La gente pudo apreciar la importancia de su voto y de su protagonismo en los eventos comiciales. El ciudadano común pudo constatar que el porvenir depende, en una medida significativa, de su voto. Sintió que valía la pena votar. Los cerros de los alrededores de Caracas -como ha amenazado el Presidente en numerosas oportunidades- bajaron, pero fue para votar contra el comunismo, el centralismo, la corrupción y la intolerancia.

  1. La unidad de la oposición se reafirmó como divisa e instrumento para recuperar la democracia plena. A partir de ahora será muy difícil que dirigentes u organizaciones participen en procesos electorales fuera de los acuerdos unitarios. La unidad habrá que protegerla y consolidarla, sin triunfalismo, ni arrogancia. Mayor y mejor unidad debería ser la consigna.

Frente a esta situación política cuáles son los escenarios en los cuales se pudiera mover el Presidente Chávez?

La verdad es que el presidente tan sólo tiene dos escenarios en los cuales puede actuar.

El primero, el más sensato de los dos, sería  el de cambiar de rumbo en su política de confrontación, generación de odio al interno de la sociedad venezolana, de lucha de clases como él la denomina y apaciguar el país gobernando para todos y no sólo para un sector de la población que lo sigue. Debería crear las condiciones para el diálogo político con sus adversarios; respaldar presupuestariamente y con políticas conjuntas a los gobernadores y alcaldes que pertenecen a la oposición. Permitir que la Asamblea Nacional sea fuente de debate democrático y que las políticas públicas sean acordadas por consenso, cuando así se pueda. En fin, sería gobernar democráticamente y con apego a la Constitución Nacional de 1999.

El segundo, y sin lugar a dudas el que ya comenzó a aplicar, no es otro que el de la radicalización del proceso revolucionario. Prueba de ello es la reciente expropiación de Agroisleña,  empresa de capital español que lleva más de 52 años apoyando el progreso de los agricultores  y el desarrollo sustentable de la agricultura venezolana pues se ocupa desde la semilla hasta el financiamiento para la producción, pasando por insecticidas y fertilizantes. Además, están las declaraciones de actuales diputados oficialistas señalando que aprovecharán la amplia mayoría de la actual Asamblea Nacional, que seguirá legislando hasta el 05 de enero de 2011 cuando tomen posesión los diputados recién electos, en el sentido que están decididos a otorgarle una Ley Habilitante al presidente de la República hasta el 2012, lo que vaciaría de capacidad legislativa a la próxima Asamblea Nacional; o que elegirán a todos los 32 magistrados del Tribunal Supremo de Justicia o que modificarán el reglamento de debates de la Asamblea para permitir la aprobación de leyes orgánicas con la mayoría simple que es la que tendrán a partir de enero de 2011.

Este último escenario, que repito ya se está aplicando, hace prever que los próximos dos años van a ser sumamente difíciles para Venezuela, pues al lado de la confrontación política están los constantes y permanentes reclamos sociales frente a la situación económica, la crisis eléctrica de la cual tardaremos mucho en salir, los efectos adversos de la elevadísima inflación, el desempleo y la inseguridad personal.

Con respecto a la situación económica del país permítanme citar algunos elementos importantes de un informe titulado “Crisis económica y gobierno ineficaz: Una ideología costosa”, presentado a mediados del pasado mes de agosto por 26 reconocidos economistas y académicos.

Comienza el documento señalando que “Venezuela vive una crisis económica  profunda: Estamos sufriendo una  severa contracción de la economía acompañada de alta inflación……En el primer trimestre de 2010 cayó la economía 3,5% y la inflación anualizada del 2010 es de 30%, a pesar de la recesión”.

Más adelante nos dice que “El deterioro del aparato productivo nacional y de instituciones económicas – en particular las fiscales y monetarias – colocadas en función de un proyecto político e ideológico desfasado con la realidad, llevan a que aspectos centrales de la crisis no sean pasajeros o coyunturales. Se abre la posibilidad de un estancamiento prolongado, bajo las características ya observadas; pérdida creciente de la eficiencia productiva de las empresas privadas y públicas, alzas sostenidas de precios, salario reales bajos, elevada corrupción, alta desigualdad social y masivo endeudamiento público.”. Por cierto,  que ellos calculan que la deuda externa pública, para finales de 2010, se situará alrededor de US$ 112.000 millones.

Lo cierto es que Venezuela será el único país de la América Latina con excepción de Haití por razones obvias,  que por segundo año consecutivo no crecerá y seguirá teniendo una de las inflaciones más altas del mundo.

Cuáles son las perspectivas para el comercio y las relaciones bilaterales en general?

Tal como mencioné, hasta ahora y nada indica lo contrario, el proceso que se inició en Santa Marta se va desarrollando lentamente pero de manera segura, por lo tanto, el crecimiento del comercio bilateral deberá ser lento, al menos durante  los próximos meses. Ojalá que este proceso de normalización de las relaciones continué por esta vía y en la medida en que se vaya avanzando también se proceda a rescatar mecanismos diplomáticos – técnicos existentes, como la Comisión Presidencial de Integración y Asuntos Fronterizos, para tratar toda la gama de importantes temas que tienen que ver con la relación bilateral y que no se reduce tan sólo al comercio bilateral. En mi opinión, un comercio bilateral creciente y estable en el tiempo es en mucho consecuencia de una relación más amplia y eficaz como lo demuestra, de manera fehaciente, lo ocurrido durante la década de los noventa.

No cabe duda que Venezuela se ha convertido en un gran importador pero particularmente  a través del gobierno nacional. Esto será tanto más cierto en la medida en que el Presidente Chávez continué con su política de implantación y radicalización de su proyecto revolucionario, toda vez que gran parte de los canales de importación, de distribución y venta estarán en manos del gobierno. Ahora bien, hay que tener presente que muchas de las compras que realiza el Estado venezolano en el exterior, sino la mayoría de ellas, obedecen a compromisos políticos con otros países, sea porque comparten la misma ideología (Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia) o porque le son solidarios internacionalmente (Brasil, Argentina, por tan sólo citar los latinoamericanos).

Hoy por hoy el sector privado venezolano se ve sometido al acoso. No  tiene fácil acceso a las divisas, no se le otorga, cuando lo requiere, los permisos de exportación amén de otras trabas de carácter administrativo que les impone la administración. Además, está sujeto permanentemente a expropiación o confiscación y es objeto de constantes ataques políticos y legales que restringen su actividad. Sin embargo, permanece en pie de lucha en defensa de la propiedad privada, de la libre empresa y de la libertad de mercado.

Es en este contexto que se desarrollará en el futuro cercano el comercio bilateral. Por ello, estoy convencido que se hace más que necesario fortalecer la confianza mutua entre el empresariado colombiano y venezolano, de forma tal que se siente las bases para el desarrollo de una cooperación económica y un intercambio comercial estable. Es indispensable que en momentos como los actuales se fortalezca la actuación coordinada de ambas Cámaras en defensa de la integración binacional y en aras de una labor conjunta para la adecuada definición del esquema de relacionamiento comercial a partir de abril del 2011. Por lo tanto, resulta importante apoyar desde Colombia a CAVECOL en su institucionalidad,   pues es el aliado estratégico natural.

La presencia de nuevos actores gubernamentales pudiera parecer atractiva pero, tal como nos enseña la historia reciente, pudiera significar, en cualquier momento, la ruptura abrupta de la relación comercial con sus nefastas consecuencias.

He señalado al principio de esta ponencia que la política exterior del presidente Chávez está íntimamente vinculada al avance de su proyecto político al interno de Venezuela. Además agrego algo que  es hartamente sabido, sus reacciones son totalmente impredecibles.  Consecuentemente, y dependiendo cómo evolucione la situación política interna así como la económica en Venezuela, evolucionarán las relaciones con Colombia. El entorno internacional, así como las fortalezas o debilidades del presidente venezolano y de la diplomacia santista en la escena internacional, particularmente latinoamericana, influirán de una manera u otra en nuestras relaciones bilaterales. Hagamos votos porque prevalezca el equilibrio geopolítico, el entendimiento y la concordia entre nuestros dos países.

La década de los setenta en las relaciones internacionales.


Fernando Gerbasi


Para algunos la rivalidad entre el capitalismo y el comunismo, que se inicia en 1917 con el triunfo de la revolución bolchevique y su reto al capitalismo, es lo que da origen a la Guerra Fría. Otros, sitúan el inicio de este proceso entre 1945 – 1947, con la aparición de profundas diferencias en el seno de la alianza de países que habían luchado contra el Eje durante la Segunda Guerra Mundial. De lo que no cabe duda, es que durante cuatro décadas la guerra fría – que  no fue otra cosa que el conflicto entre el bloque socialista y  el bloque occidental, con las dos superpotencias a la cabeza, en los campos político, económico y propagandístico y en menor medida en el propio frente militar – marcó, en todos sus aspectos, el desarrollo de las relaciones internacionales. Su lado más terrible y dramático fue el miedo a una guerra atómica que se instauró en el mundo, especialmente en momentos de mayor tensión como fue el caso de la crisis de los misiles de Cuba en el año de 1962.

A finales de los años sesenta y durante toda la década de los setenta se instaura, entre los Estados Unidos y la URSS, un proceso de diálogo encaminado  al control de sus  relaciones bilaterales y a darle cierta direccionalidad al orden internacional como un todo. Este período es conocido como la distensión.

Para Olef Palme, la distensión significó mucho durante los setenta y representó esencialmente un “equilibrio de poder militar, en la capacidad mutua de destrucción, que hacía que una guerra entre las superpotencias principales apareciese como imposible”.

Para lograr lo anterior, los Estados Unidos y la URSS, conscientes de la escalada nuclear en otros países, lo que necesariamente ponía en riesgo la seguridad del mundo como un todo, alcanzaron el consenso para  la adopción de un Tratado de No Proliferación Nuclear que firmaron el 1° de julio de 1968. A raíz de la suscripción del TNPN se lograron otros acuerdos que redujeron sustancialmente el peligro de una guerra nuclear entre las dos superpotencias. Los tratados más importantes suscritos al respecto fueron los siguientes:


  • 1968: Tratado de No Proliferación Nuclear. (TNPN): Regulaba la posición de las cinco potencias nucleares, a saber, los Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido, Francia y China como "Estados Nuclearmente Armados". Los demás países tenían prohibida la posesión, creación o adquisición de armas nucleares u otros artefactos nucleares.
  • 1972: Acuerdo ABM. Acuerdo bilateral entre los Estados Unidos y la Unión Soviética para limitar el uso de misiles antibalísticos.
  • 1972: Acuerdo SALT I (Strategic Arms Limitations Talks)
  • 1979: SALT II. Ambos Tratados fueron firmados entre los Estados Unidos y la URSS y tenían por finalidad limitar la cantidad de armamento nuclear, a la vez que prohibían los ensayos nucleares sobre tierra y en el mar.
  • 1973: Acuerdo de Prevención de Guerra Nuclear. Firmado por los EE.UU. y la URSS el cual  vinculaba a ambas partes a consultarse en situaciones que pudieran desembocar en una guerra nuclear.


La puesta en práctica de la Ostpolitik,  por parte del Canciller alemán Willy Brandt, contribuyó grandemente a la distensión ya que la cuestión alemana había sido elemento esencial de la guerra fría. La Ostpolitik o política del este, tendía a normalizar las relaciones de la República Federal Alemana (RFA) con la Europa  comunista y más particularmente con la República Democrática Alemana (RDA). Partía de la tesis que el cambio era posible si las partes se acercaban. La RFA firmó un tratado de no agresión con la URSS (1970) por medio del cual ambas naciones renunciaban al uso de la fuerza y aceptaban la inviolabilidad de las fronteras existentes. El acuerdo cuatripartito de Berlín (1971) confirmó la autoridad de las cuatro potencias ocupantes de la ciudad y flexibilizó las comunicaciones entre ambas partes de la ciudad, permitiendo el paso de los ciudadanos occidentales a la sección oriental de Berlín. Con Polonia (1970) y Checoslovaquia (1973), se suscribieron tratados que significaron el reconocimiento de las pérdidas territoriales alemanas así como la abrogación del Pacto de Munich de 1938.

Particular mención merece el Tratado suscrito con la RDA (1972), por medio del cual ambas naciones reconocían mutuamente su existencia. Dicho Tratado  permitió, consecuentemente, que en el año de 1973 las dos Alemanias ingresarán a la ONU lo que significó que la comunidad internacional admitía definitivamente la división de este país.

La distensión fue consecuencia tanto de factores económicos como políticos, lo que llevó a ambas superpotencias a encontrar un terreno común de entendimiento que preservara sus intereses individuales. La inversión necesaria por parte de Washington como de Moscú para instalar sistemas antibalísticos de defensa, significaba erogaciones cuantiosas. Además, los Estados Unidos tuvieron que gastar sumas importantes para financiar la guerra de Vietnam que tan sólo concluyó en abril de 1975. Por su parte, la URSS tuvo que hacer frente a una producción agrícola estancada y necesitaba de ayuda económica exterior. Además, la URSS confrontaba la resistencia de la República Popular China como consecuencia de la ruptura política con este importante aliado que se había iniciado a raíz del XX Congreso del Partido Comunista de 1961 celebrado en Moscú, cuando Mao se opuso a la desestalinización y a la coexistencia pacífica sustentada por Kruschev. El ingreso de China a la ONU en 1971 y el viaje de Nixon a este país en 1972, contribuyó a la instauración de una diplomacia triangular entre Washington, Moscú y Beijing.

Se puede señalar que los Estados Unidos, URSS y China tuvieron conciencia de los límites de su poder. Estados Unidos con la derrota sufrida en Vietnam, China en sus relaciones con la URSS y esta última a raíz de la crisis de Cuba. Consecuentemente, era necesario poner en marcha la diplomacia para replantear las relaciones entre las tres superpotencias y tratar de reducir las áreas de tensión. Es en este contexto que se convoca, en Helsinki,  la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (1975), con la participación de todos los países europeos, con excepción de Albania y, de los Estados Unidos y Canadá como miembros de la Alianza Atlántica. El Acta de Helsinki -que no fue un tratado- eran 110 páginas llenas de buenas intenciones que reflejaban las realidades e ilusiones de la distensión. En ella se reconocieron las fronteras surgidas de la Segunda Guerra Mundial, se fortaleció la cooperación económica entre ambos bloques y los países del bloque comunista se comprometieron a respetar los derechos humanos y las libertades de sus ciudadanos.

Los países del llamado Tercer Mundo que fueron campo de batalla de las dos superpotencias, encontraron a partir de los setenta con la creación de organizaciones regionales, un mayor protagonismo. Durante esta década irrumpen en la escena internacional con sus reivindicaciones económicas.

El 6 de octubre de 1973, en ocasión de la fiesta religiosa judía del Yom Kippur, Egipto y Siria lanzaron una ofensiva militar por sorpresa contra Israel traspasando la línea de armisticio del Sinaí y de los Altos del Golán. Estos territorios habían sido ocupados por Israel durante la Guerra de los Seis Días en 1967. La consecuencia directa de esta guerra fue el embargo petrolero a Occidente y la rebaja de la producción por parte de los países árabes, lo que  desencadenó la drástica subida del precio internacional del crudo, que se cuadruplicó  llegando a 12 dólares el barril. Esto tuvo como resultado que  las economías industrializadas que habían vivido casi tres décadas de crecimiento ininterrumpido entraran en crisis. Este es el momento en que la OPEP comienza a demostrar su fortaleza.

El Movimiento de Países No Alineados, que se crea en Belgrado en 1961 para formular sus propias posiciones independientes, como países débiles y económicamente subdesarrollados, frente a la confrontación Este – Oeste,  adopta, durante su IV Conferencia que tuvo lugar en Argel, en 1973, una importante Declaración Económica en la que se analiza el estado del sistema internacional y la situación de los países en vías de desarrollo. Deciden convocar a la Primera Conferencia Ministerial de los países en desarrollo sobre materias primas, en Dakar durante el año de 1975, a fin de elaborar una estrategia eficaz para reestructurar el comercio mundial de las materias primas y fortalecer su poder de negociación; igualmente, invitan al Secretario General de la ONU a que convoque un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General, a alto nivel político, dedicado “exclusivamente a los problemas del desarrollo”.

Durante seis semanas, entre abril y mayo de 1974, se celebró en la ciudad de Nueva York la VI Asamblea Extraordinaria de las Naciones Unidas, en momentos en que la economía mundial vivía serias dificultades derivadas de la inflación reinante en los países industrializados y de la crisis energética, aunado al inicio del fuerte endeudamiento de los países en desarrollo, en especial latinoamericanos (Argentina, Brasil y México). Esta situación afectaba adversamente las economías de los países del Tercer Mundo y las posibilidades reales de acelerar su desarrollo puesto que las desigualdades, la dependencia y la falta de cooperación entre los países se acentuaron.

La VI Asamblea Extraordinaria adoptó la Declaración y el Programa de Acción para el establecimiento de un nuevo orden económico internacional, que debía facilitar y acelerar el desarrollo del Tercer Mundo, así como una mayor participación de estos países en el comercio internacional. Este nuevo orden económico se fundamentaría en la justicia y la equidad.

Ese mismo año de 1974 pero en diciembre, la ONU adopta la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, cuya finalidad era la de fortalecer los precarios fundamentos legales, de proteger a los Estados débiles y de desprender la cooperación del ámbito de la buena voluntad para cristalizarlos en el campo del derecho internacional.

En septiembre de 1975 se realizó la VII Asamblea Extraordinaria de las Naciones Unidas que adoptó la resolución sobre “Desarrollo y cooperación económica internacional”. Por medio de esta resolución se definieron y se diseñaron un conjunto de acciones y políticas que debían ponerse en marcha en el marco de las organizaciones internacionales que integran el Sistema de las Naciones Unidas, para instaurar el nuevo orden económico internacional convenido durante la VI Asamblea Extraordinaria.

La OPEP celebra su primera cumbre, conocida oficialmente como la "Conferencia de Monarcas y Jefes de Estado de los países miembros de la OPEP", el 4 de marzo de 1975 en Argelia. Lo hace bajo el lema “La OPEP es el escudo del Tercer Mundo" y su objetivo  fue redefinir el papel de la Organización en un marco global de las relaciones Norte-Sur, a fin de alcanzar el nuevo orden económico internacional.

En este mismo contexto se celebró la IV Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en mayo de 1976 en la ciudad de Nairobi. Su objetivo principal estuvo centrado en una mejor estructura del comercio internacional que permitiese una mayor participación de los países en desarrollo. Por lo tanto, se puede afirmar que su propósito lo alcanzó al adoptar el Programa Integrado para los Productos Básicos, que posteriormente fue puesto en marcha a través de la propia organización, y el cual mejoró la relación de intercambio del Tercer Mundo al evitar las fluctuaciones excesivas de los precios internacionales de estos productos.

La reunión económica más importante celebrada durante este período fue, sin lugar a dudas, la Conferencia sobre Cooperación Económica Internacional, iniciativa del Presidente Giscard d'Estaing, que pretendía, en una primera instancia, sentar entorno a una mesa de negociación a los países productores y consumidores de energía, razón por lo cual se celebró en Paris entre 1975 y 1977. Esta conferencia sin precedentes en la historia, reflejaba una nueva realidad internacional y tenía por objeto tratar de la cooperación económica internacional a través del diálogo entre los países desarrollados de economía de mercado y los países del Tercer Mundo. La OPEP desempeñó un importante papel en este encuentro al poner a la disposición de los países en desarrollo un instrumento negociador tan importante como el petróleo.

Según el Tercer Mundo, de esta conferencia debía emerger un conjunto de compromisos, acuerdos y decisiones tendentes a modificar el estado de las relaciones económicas internacionales y permitir la implantación del nuevo orden económico internacional convenido en Nueva York en 1974. Para los países desarrollados, era importante asegurarse una mayor participación en decisiones autónomas como las de la OPEP y no introducir cambios fundamentales al sistema económico internacional del momento. En definitiva, se puede colegir que ninguna de las partes alcanzó los objetivos perseguidos a la luz de los limitados resultados obtenidos.

En conclusión, durante la década de los setenta se pasó de  la polarización Este –Oeste a la confrontación Norte – Sur. La primera era de carácter geopolítico, mientras que la segunda obedeció a reivindicaciones económicas y a la búsqueda de una relación internacional fundada en la justicia y la equidad.

 Venezuela desplegó una activa y solidaria acción internacional en favor de los intereses de los países del Tercer Mundo,  y en el establecimiento de una cooperación Sur – Sur más efectiva.  Sin desconocer la voluntad política mostrada al respecto por los Presidentes Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins, la política exterior que tanto prestigio internacional dio a nuestro país no hubiera sido posible sin la presencia del Doctor Manuel Pérez Guerrero, quien fuera Secretario General de la UNCTAD (1969 – 1974), copresidente de la Conferencia sobre Cooperación Económica Internacional (1975-1977), Ministro de Estado para Asuntos Económicos Internacionales (1974-1979) y Asesor de la Presidencia de la República durante buena parte del gobierno de Luis Herrera Campins. Es uno de los contados casos, en la historia contemporánea de Venezuela, de continuidad político-administrativa que redundó en la defensa y promoción  de los intereses de la República.












ENCUENTRO SANTOS CHAVEZ EN CARTAGENA. 1º DE ABRIL DE 2011.

Fernando Gerbasi

El 26 de abril de 2006, Venezuela se salió de la Comunidad Andina (CAN) y pocos días después del Grupo de los Tres (Colombia-México y Venezuela, creado en 1995). De conformidad con lo establecido en la CAN el comercio bilateral, Colombia-Venezuela se seguirá rigiendo, hasta el 22 de abril de 2011, bajo la liberalización arancelaria convenida en este acuerdo subregional de integración, después de esa fecha, Venezuela pechará con aranceles las exportaciones colombianas encareciéndolos o incluso impidiéndoles su ingreso en el mercado venezolano al hacerlas menos competitivas.

Consecuentemente, para poder mantener e incrementar el flujo comercial binacional es fundamental que ambos países suscriban un acuerdo comercial bilateral, en el cual convengan mantener o mejorar la liberación arancelaria existente que desde 1997 abarca el cien  por ciento del universo arancelario. Este tema es sumamente importante para ambos países pues si bien Colombia se ha  beneficiado, en particular a partir de 2005, del intercambio comercial bilateral, no es menos cierto que necesitamos en mucho de la importación colombiana para satisfacer el consumo nacional, en particular en lo que se refiere a los productos agro-alimenticios, farmacéuticos e industriales intermedios. Destaco  que en el 2010 el intercambio cayó en alrededor del 72% y tan sólo en enero de 2011, las exportaciones colombianas hacia Venezuela cayeron en un 19,9% con respecto al mismo mes del año 2010. Es decir, el intercambio bilateral ha seguido cayendo a pesar de la normalización de las relaciones, el 10 de agosto de 2010.

Es verdad que desde el año 2005 los flujos comerciales mostraron un marcado desequilibrio a favor de Colombia. Pero ello se debió a varias razones de carácter interno. El incremento de la demanda interna se satisface con el componente importado. El país cada día ha pasado ser más monoproductor. El bolívar está sobrevaluado, lo que le resta competitividad a las exportaciones venezolanas y favorece la compra de productos en el exterior. El sector privado venezolano se ve sometido al acoso. No  tiene fácil acceso a las divisas. No se le otorga, cuando lo requiere, los permisos de exportación amén de otras trabas de carácter administrativo que le imponen. Además, está sujeto permanentemente a expropiación o confiscación y es objeto de constantes ataques políticos y legales que restringen su actividad.

Venezuela se ha convertido en un gran importador pero  a través del gobierno nacional.

El gobierno venezolano ha propuesto la suscripción de un Acuerdo de Complementación Económica y Productiva. Con ello pretende un comercio equitativo, justo y administrado. Los dos primeros conceptos son importantes y fundamentales mientras que el tercero, relativo al comercio administrado, distorsiona completamente el libre comercio. Lo que se persigue es impulsar el desarrollo endógeno, por lo que la prioridad de las importaciones son las materias primas, insumos y bienes de capital (máquinas, equipos, vehículos de transporte de pasajeros y carga, etc.) y bienes finales de primera necesidad, en particular alimentos y medicinas, que no se produzcan o no tengan la posibilidad de producirse en Venezuela.

Por su parte  Colombia quiere un acuerdo con un comercio lo más amplio posible, con reglas claras y estables, que incluya los pagos de las compras como la protección de las inversiones,  y sin discriminación alguna.

Ciertamente las posiciones son encontradas en la medida en que Colombia, en el marco de una política comercial de apertura y ampliación de mercados, propicia la suscripción de acuerdos de libre comercio (TLC), mientras que Venezuela, con una visión económica contrapuesta pretende “defender” la producción nacional.

A diferencia del caso colombiano, el empresariado venezolano “no socialista”, que conforma la gran mayoría del sector, no es consultado ni participa en estas negociaciones. Además, sus intereses, como fuerza viva nacional, no serán tomados en cuenta. El sector privado venezolano es cada día menos exportador por las limitaciones que se le imponen; de ahí que las exportaciones petroleras totales representen entorno al 94% del total exportado. Hemos regresado a nuestros primeros tiempos de país monoexportador.

El 1º de abril se reúnen, en la ciudad de Cartagena de Indias y por tercera vez desde la toma de posesión del presidente colombiano, los presidentes  Santos y Chávez. En noviembre del año pasado se reunieron en Caracas y el primer encuentro tuvo lugar el 10 de agosto de 2010 en Santa Marta.

En este próximo encuentro se especula que ambos presidentes firmarán un acuerdo por medio del cual Venezuela le venderá gasolina, a través de ECOPETROL, a los departamentos colombianos del  Arauca, Norte de Santander y Puerto Carreño. Igualmente se habla de un plan para incrementar el turismo binacional. Pero el plato fuerte será lo que convengan, avancen o no, con respecto al acuerdo comercial; aquí hay varias posibilidades:

Que ambos países se pongan de acuerdo, en un tiempo perentorio y antes del 22 de abril (hay que tener presente que un acuerdo de esta naturaleza debería ser discutido y aprobado por la Asamblea Nacional) en un texto satisfactorio para ambas partes (opción poco probable).

Que se imponga la visión colombiana y adopten un acuerdo de libre comercio (Opción poco probable).

Que se imponga la visión venezolana y convengan un acuerdo de “comercio administrado” (opción poco probable)

Que decidan plasmar en un acuerdo las preferencias que actualmente se otorgan en el marco de la Comunidad Andina (no tendría que ser aprobado por la Asamblea Nacional pues no generaría nuevas obligaciones para el Estado venezolano), mientras siguen negociando un acuerdo más amplio y más acorde con los tiempos actuales que incluya servicios y cuestiones financieras, con sus correspondientes obligaciones. (En mi opinión la opción más probable).

Es muy posible que ante la necesidad de importar alimentos y productos agroalimentarios necesarios para ser procesados en el país, el presidente Chávez firme, en Cartagena, acuerdos por medio de los cuales empresas del Estado venezolano realicen estas compras en Colombia sin ninguna contrapartida. El 3 de marzo, Colombia y Venezuela firmaron en Caracas, sin la presencia de empresarios venezolanos pero si colombianos, trece acuerdos que contemplan actas de compromiso para el desarrollo de negocios en los sectores de construcción, textil, alimentación y tecnología genética, entre otros. Según el presidente Chávez, esos acuerdos se delinean dentro de cuatro áreas de trabajo con los encadenamientos productivos, el intercambio comercial, la instalación de las empresas colombianas en Venezuela y la asistencia técnica y capacitación. Pienso, aunque no los he podido revisar por razones obvias, que esos acuerdos son más que favorables a Colombia.

Hay que estar atentos y denunciarlo, si ese fuera el caso, a cualquier pronunciamiento que pudiera producirse en Cartagena con respecto a las negociaciones que se adelantan sobre la delimitación de las áreas marinas y submarinas en el Golfo de Venezuela. Por lo delicado del tema cualquier solución pasa, obligatoriamente, por una consulta nacional.