Como nunca antes, el exagerado uso de la fuerza para
reprimir a miles de ciudadanos que pacíficamente protestan contra el régimen de
Nicolás Maduro en las calles de Caracas y otras ciudades del interior, ha
cobrado nuevas víctimas fatales que se suman a la veintena de muertos en esta
arremetida de las fuerzas policiales y de la Guardia Nacional, actuando en
complicidad con grupos de civiles armados o paramilitares, mal llamados
“colectivos”.
Las jornadas de legítimas protestas no cesan y su
represión injustificada aumenta con fuerza. Los gases tóxicos lanzados por las
fuerzas de seguridad no distinguen entre un centro educacional, la sala de
emergencias de una clínica, la sede de un periódico, una ambulancia,
residencias particulares, predios universitarios o las vías públicas donde se
actúa con fuerza y saña, ocasionando sufrimientos, muerte y destrucción.
Las imágenes de estos desmanes, arbitrariedades y
atropellos han dado la vuelta al mundo. Las reacciones de la comunidad
internacional condenando estos hechos y exigiendo un cese a la violencia se
multiplican.
Nicolás Maduro luce entrampado entre los militares, un
sector radical del gobierno y la creciente protesta ciudadana, la cual está
llegando a límites donde difícilmente las autoridades puedan garantizar la
gobernabilidad del país, como no sea sino a costa de más represión y muertes.
Pero en medio de este conflicto, ya comienzan a hacerse más visibles las
contradicciones y el desmarque de algunas figuras clave que amenazan con
quebrar la unidad del gobierno.
Ante las exigencias ciudadanas de: celebración de unas
elecciones generales que pongan alto a este drama; la restitución del orden
constitucional roto a raíz de las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de
Justicia; la liberación de los presos políticos; y la apertura de un canal
humanitario para recibir alimentos y medicinas, la respuesta ha sido más y más
represión arbitraria e injustificada.
Del gobierno no hay una sola señal de querer
encaminar la situación por una vía pacífica y consensuada, que abra un cauce
cierto a la restauración de la institucionalidad democrática y a un gobierno de
transición que goce de la legitimidad popular, lo cual es solo posible mediante
el ejercicio libre del voto.
La comunidad internacional, hoy más que en otras
circunstancias, tiene un decisivo papel que jugar en la solución de la crisis
venezolana, sobre todo cuando los venezolanos estamos enfrentando un gobierno
cuyo único argumento es la fuerza bruta.
Caracas, 27 de abril de 2017
El Grupo Ávila es
una agrupación informal, compuesta por diplomáticos, analistas políticos,
profesores universitarios e investigadores en las áreas de relaciones
internacionales y las ciencias sociales, preocupados por el acontecer
internacional y nacional.
No hay comentarios:
Publicar un comentario