martes, 3 de enero de 2017

Grupo Ávila: Balance de la Política Exterior de Venezuela en el año 2016

Culmina un nuevo año de la acción internacional de Nicolás Maduro con un balance lamentable. Para el Grupo Ávila, ha sido la reiteración de una política exterior errática, de confrontación, improvisada y con visibles contradicciones que han traído como consecuencia el creciente desprestigio y aislamiento de Venezuela en la escena internacional.

En rigor, una actuación internacional dominada por el debilitamiento de las alianzas construidas con base en los recursos financieros de Venezuela, a lo cual contribuyeron los cambios geopolíticos que sucedieron en varios países de la región.

En tal sentido, durante el 2016 la diplomacia bolivariana perdió a dos de sus aliados fundamentales: el ascenso de Mauricio Macri como presidente de Argentina y la destitución de Dilma Roussef en Brasil lo que no solo aumento su aislamiento internacional sino que agudizó las tensiones en varios frentes, sobre todo con los socios de Mercosur.
 
La crisis venezolana y las reacciones de la comunidad internacional.

La crisis política que vive el país rebasó las fronteras y el gobierno se vio crecientemente enfrentado a una comunidad internacional que, preocupada por el deterioro y agudización de la situación política en Venezuela, observaba con inquietud y consternación el giro autoritario del régimen venezolano; las graves violaciones a los derechos humanos; la exacerbada polarización y fractura de la sociedad. En el fondo se trataba de invocar los esfuerzos de la  diplomacia para intentar encontrar una solución al conflicto.

Para no pocos analistas internacionales, la crisis en desarrollo en Venezuela significaba poner a prueba los mecanismos regionales de fortalecimiento de las reglas y normas democráticas.

En la Asamblea General de la OEA, celebrada en Santo Domingo del 13 al 15 de junio, 15 gobiernos del hemisferio advirtieron de consuno, y por primera vez, sobre los riesgos que plantea la grave crisis política, económica y social que vive Venezuela en estos momentos.

Los Cancilleres –incluyendo los de mayor peso de la región- emitieron  un comunicado en el que, entre otras cosas,  reafirmaron su compromiso con la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana; apoyando los esfuerzos para encuentrar una solución a la crisis que vive Venezuela y alentando el acatamiento a la Constitución y los principios de separación de poderes, el respeto al Estado de Derecho y las instituciones democráticas, al tiempo que  apoyaban la aplicación justa y oportuna de los procedimientos Constitucionales. Esto último, en términos diplomáticos, era un respaldo a la aplicación del Referéndum Revocatorio.

Días más tarde, con base en el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, el Secretario General de la OEA Luis Almagro, solicitó al Consejo Permanente que realizara una apreciación colectiva de la situación con vistas a adoptar las medidas que estimara conveniente.

Tras varios frustrados esfuerzos por impedir la sesión, que incluyeron gestiones para frenar la reunión e impugnaciones al orden del día, la Canciller venezolana se encontró enfrentada a varios gobiernos del hemisferio que por primera vez estaban dispuestos  a abordar la crítica situación del país en el marco de los instrumentos de defensa de la democracia del sistema interamericano.

En la sesión extraordinaria del Consejo Permanente que se llevó a cabo el 1 de junio, el Secretario Almagro presentó un demoledor informe en el cual demostró, con sólidos argumentos, no sólo el desmantelamiento progresivo de la democracia en Venezuela sino que en nuestro país se había producido una alteración del orden constitucional democrático. 

Valga recordar aquí que un golpe de Estado ocurre, no solo cuando unos militares deponen a un gobierno electo sino cuando se produce “el desconocimiento de la Constitución por parte de un órgano constitucionalmente electo,”

En su informe, el Secretario General se refirió punto por punto a las continuas violaciones a la Constitución; a la ausencia de separación de poderes públicos;  la cooptación del Poder Judicial por el Poder Ejecutivo; las reiteradas violaciones de derechos humanos; el bloqueo permanente del Poder Ejecutivo a la Asamblea Nacional; para finalizar diciendo que “en la situación actual que vive Venezuela, no se puede más que concluir que estamos ante alteraciones graves al orden democrático tal como se ha definido en numerosos instrumentos regionales y subregionales”

A juicio del Grupo Ávila, con la presentación del informe del Secretario General y las intervenciones de varias delegaciones reconociendo la grave situación que vive Venezuela, se iniciaba una evaluación colectiva de la situación venezolana a la luz de lo establecido en la Carta Democrática Interamericana.

Pocos días antes la Asamblea Nacional de Venezuela había aprobado un Acuerdo mediante el que denunciaba ante el país y la comunidad internacional la sobrevenida “ruptura del orden constitucional y democrático”.

En ese mismo orden, coincidimos con lo dicho por el Secretario General de la OEA en cuanto a la existencia de una situación de alteración del orden constitucional democrático. Igualmente que la situación denunciada por Luis Almagro exige la manifestación de una solidaridad política activa de parte de los gobiernos democráticos del hemisferio americano y respaldamos el llamado que formulara al Gobierno de Venezuela a regresar al respeto pleno de la Constitución, así como las medidas específicas que propone para intentar salvar la democracia en Venezuela, en particular: la celebración de un referéndum revocatorio presidencial en 2016, la liberación de todos los presos políticos y la toma de medidas inmediatas para solventar la grave situación de crisis humanitaria que afecta a la población, particularmente en materia de salud y alimentación.

En suma, en el 2016, la crisis en Venezuela entró en la escena de la OEA como un caso crítico a pesar de todos los esfuerzos del gobierno nacional por impedirlo.

El acompañamiento internacional al diálogo

 Bien es sabido que la grave crisis del país atrajo la atención de diversos gobiernos, organizaciones internacionales y líderes mundiales. Los esfuerzos más recientes se construyeron en torno a la mesa de diálogo originalmente promovida por UNASUR con el apoyo de los ex presidentes Rodríguez Zapatero de España, Martín Torrijos de Panamá y Leonel Fernández.

Para buena parte del país estos facilitadores estaban alineados con el gobierno, eran vistos como parcializados que respondían a los planteamientos del ejecutivo. Luego de muchos esfuerzos, se logró la incorporación del Vaticano, lo cual contribuyó con su jerarquía moral a darle un ligero equilibrio al proceso.
Tras muchas idas y venidas, el proceso de diálogo luce estancado y con pocas posibilidades de avances reales. El gobierno, víctima de sus propias contradicciones y presiones internas, no ha dado señales de cumplimiento a los acuerdos alcanzados, al tiempo que la oposición cedió en varios de los puntos exigidos.

El gobierno, en una apuesta tan riesgosa como irresponsable, pareciera más bien estar jugando a la exacerbación de la crisis, manipulando la negociación para ganar tiempo, en la esperanza de recuperar la confianza de la gente y que mejoren las expectativas de la economía.  Ambas cosas parecen difíciles de alcanzar.

Venezuela y Mercosur

En declaraciones y documentos anteriores el Grupo Ávila ha  sostenido su oposición a la forma y el fondo de cómo se hizo el ingreso de Venezuela a este esquema de integración. Recordemos tan sólo las presiones ejercidas por el gobierno de Venezuela para adherirse al Mercosur, una decisión que se tomó de espaldas al país, y que finalmente se logró forzando todos los procedimientos.

La presencia de Venezuela en dicho bloque ha generado más roces e inconvenientes que avances en el proceso de integración. Las divergencias tienen que ver no sólo con incumplimientos a la normativa, sino con aspectos de fondo en torno a temas centrales como la vigencia de los valores democráticos; el respeto por los derechos humanos; y el espinoso tema de los prisioneros políticos.
A lo largo del año se hicieron evidentes las diferencias entre los miembros del bloque y Venezuela en temas como las complejas negociaciones con la Unión Europea y la oposición a las mismas que sostiene el gobierno venezolano, de las cuales se ha auto excluido por su visión anti sistema y satanizadora del libre comercio.

No menos importante ha sido el rechazo de varios gobiernos de Mercosur a que Nicolás Maduro asumiese la Presidencia Pro Témpore del bloque sub regional, la cual le correspondía de acuerdo con el orden alfabético de rotación, debido a la visión negativa del resto de los socios del bloque sobre la crisis política en Venezuela, la ausencia de “credenciales democráticas” de su gobierno, las violaciones a los derechos humanos y los incumplimientos de la normativa comercial, entre otros factores. Como pocas veces, las discrepancias generaron una quasi parálisis del mecanismo.

A lo largo del año, afloraron en el fondo las incongruencias de la política exterior de Nicolás Maduro que, al igual que su predecesor,    defiende la tesis de la ideologización del mecanismo y el rechazo al libre comercio. En suma, el régimen venezolano se está convirtiendo en un socio incómodo al que ya pocos quieren acompañar.

Como era de esperarse, los cambios geopolíticos que se han dado en nuestra región, han marcado diferencias dentro del bloque, al punto que se generó un serio conflicto con el traspaso de la Secretaría Pro Tempore a Venezuela.

Fue un hecho lamentable que Venezuela se haya colocado en tan embarazosa situación ante gobiernos amigos y socios tradicionales. Fue un nuevo fiasco para la política internacional del gobierno de Nicolás Maduro y otro golpe a la credibilidad del país.

Como hemos señalado,  la credibilidad en el proyecto MERCOSUR pasa por sincerar la participación de Venezuela en su seno, no solo en términos económicos, sino también en materia de democracia y derechos humanos, principios éstos esenciales de este bloque comercial.

La política de confrontación continuó este año 2016 afectando las relaciones bilaterales con países y socios tradicionales. A  los reiterados enfrentamientos con Washington, se agregaron los roces y tensiones con los gobiernos de Brasil, Argentina y Paraguay.

En efecto, a raíz de la destitución de Dilma Rousseff quien había sido una aliada fundamental del gobierno venezolano, comenzaron a evidenciarse  discrepancias que apuntaron a una clara ruptura. La elección de Temer fue para el gobierno Venezolano, producto de un golpe de estado, al tiempo que para Brasil “En Venezuela hay un régimen que no puede ser llamado democrático”.
La firme actitud del gobier
no de Temer en defensa de los derechos humanos en Venezuela, la liberación de los presos políticos y la denuncia de ruptura del orden democrático provocaron airadas reacciones de parte de Maduro y su canciller.  La conclusión de estos episodios fue que el gobierno de Maduro ordenó el retiro de su embajador en Brasilia, medida que fue reciprocada por Itamaraty.
Algo similar ocurrió con el nuevo gobierno argentino. Desde el triunfo de Mauricio Macri las relaciones han transitado momentos de crecientes tensiones por las declaraciones en torno a la ruptura del orden constitucional; la liberación de los presos políticos y la crisis social que vive el país.   
   
La canciller de Maduro calificó como un "golpe de Estado" la sanción impuesta por Mercosur a su gobierno. El chavismo, acostumbrado a imponerse y no a negociar, no entiende muy bien de aplicación y plazos de normas internacionales

Derechos Humanos

Durante el año 2016, las preocupaciones en torno a la severa crisis política, social y económica de Venezuela siguieron llamando la atención de la comunidad internacional. Por segunda vez, -la primera fue en 2011-, más de un centenar de países evaluaron el comportamiento del Estado venezolano en el tema de los derechos humanos en el marco del Examen Periódico Universal  del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Con base a los informes presentados por las ONG de defensa de los derechos humanos, y por el Alto Representante de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los delegados participantes formularon observaciones, señalamientos  y recomendaciones a los países cuyo desempeño fue examinado.

Los temas que estuvieron al centro del examen, en el caso venezolano, fueron: la libertad de expresión, la liberación de los presos políticos, independencia de poderes, seguridad alimentaria, el hacinamiento carcelario, la criminalización de la disidencia y el acceso a la salud. 

Algunas organizaciones hicieron críticas a la manipulación de las autoridades venezolanas que registran a organizaciones que generalmente no tienen nada que ver con los asuntos que se ventilan en estas reuniones y presentan informes con datos falseados de la realidad. En ese mismo orden se destacó el ostentoso y fantasioso despliegue propagandístico del gobierno tercamente empeñado en desconocer la magnitud de la crisis y atribuirla a una supuesta “guerra económica”

Para muchas de las organizaciones de la sociedad civil que estuvieron presentes en Ginebra la conclusión es muy clara: El Estado venezolano salió reprobado. Ya anteriormente el Alto Comisionado de las Naciones Unidas había manifestado su preocupación por la “erosión institucional en Venezuela”, al tiempo que una de las organizaciones emblemáticas allí presentes afirmó que “La falta de independencia de los poderes públicos, y particularmente el judicial, es la principal deuda con la que regresa el gobierno de Venezuela al EPU”.  

El manejo de la controversia con Guyana

Durante los gobiernos democráticos, Venezuela mantuvo una firme posición con respecto a la controversia territorial con Guyana sobre el territorio Esequibo. Fue ésta una política del Estado venezolano  atenida a lo previsto en el Acuerdo de Ginebra de 1966, como vía de solución práctica mutuamente convenida entre las partes de la controversia territorial.

Este año 2016, las autoridades guyanesas arreciaron su campaña internacional de descrédito de los derechos de Venezuela sobre la Zona en Reclamación, y de subestimación de la búsqueda de una solución práctica de la controversia, según lo establecido en el citado instrumento.

Aunado a lo anterior, se ejercieron presiones sobre el Secretario General de la ONU para que decidiera sobre otro de los mecanismos de solución pacífica de controversias, en virtud de que por muchos años no se había llegado a ningún acuerdo.

Fueron persistentes los esfuerzos guyaneses por descalificar la búsqueda de una solución práctica a la controversia.

A lo largo de este año y en varias declaraciones, el Grupo Ávila ha hecho llamados al gobierno nacional para que promueva un gran diálogo nacional que acabe con la improvisación en esta materia. Se emplazó al ejecutivo a que más allá de las diferencias políticas y desde una óptica de política de Estado, abandone la pasividad, inacción e indolencia en esta delicada materia y que actúe de manera proactiva en la defensa de los intereses de la Nación tanto en el territorio Esequibo,  como en la Fachada Atlántica del Delta del Orinoco.
Al mismo tiempo, se exhortó a la Asamblea Nacional a ejercer su función contralora e interpelar a los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa.


Venezuela y el Consejo de Seguridad de la ONU

El gobierno de Maduro y su aparato de propaganda se esmeraron en  presentar como un éxito y reconocimiento a su política exterior, la presidencia rotativa que por 30 días le correspondió ejercer del Consejo de Seguridad este año. Los mensajes oficiales comentaban que éste era un “hecho histórico” cuando en realidad era la 5ª vez que Venezuela ejercía la presidencia del Consejo de Seguridad.

En sus declaraciones el representante Permanente ante la organización reveló que su ejercicio estaría “centrado en romper el monopolio de las potencias occidentales en las decisiones que toma el organismo”

En ese ejercicio, votó en contra de las sanciones al régimen de Siria, lo que es contrario a la tradición de Venezuela en esa instancia, donde se preservaba el apego irrestricto al Derecho Internacional Humanitario.

Lejos de realizar una gestión exitosa para velar por el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, el representante venezolano tuvo una insignificante actuación que estuvo opacada por obstruir algunas resoluciones del Consejo aunado a los crecientes señalamientos públicos de corrupción en su contra cuando ejerció la presidencia de PDVSA
 
La presidencia del MNOAL

Otro fiasco de la política exterior durante este año fue la deslucida e intrascendente “Cumbre” realizada en Margarita para asumir, de manos de Irán, la presidencia del Movimiento de Países No Alineados por los próximos tres años. En circunstancias normales, este acto hubiese cobrado notoriedad por parte de algunos gobiernos que aguardan con interés las orientaciones  políticas que le imprimirá al movimiento los nuevos responsables de conducirlo.

Pero más allá de la obsolescencia de dicho mecanismo, la intrascendencia de sus decisiones, y el carácter autoritario de muchos de los gobiernos que participan, la cumbre sirvió como costosa plataforma de propaganda del gobierno para denunciar unos supuestos planes intervencionistas de EEUU, y  presentarse como víctima de sanciones dirigidas desde el “imperio” contra personeros oficiales. 

Además, con la opacidad informativa que rodeó a la organización de la cita, nunca se supo a cabalidad el número de Jefes de Estado y de Gobierno que concurrieron. Muchas delegaciones estuvieron representadas por sus Ministros de Relaciones Exteriores, sus vice cancilleres, su Representante Permanente ante la ONU o su embajador en Venezuela.

Con todo, en un país inmerso en una crisis como la que actualmente atraviesa Venezuela, resulta una temeridad ser sede de un encuentro para lo cual tuvo que incurrirse en un gasto estimado en más de 150 millones de dólares.

La Declaración final fue un compendio de proyectos irrealizables así como un decálogo de viejas promesas, aspiraciones ilusorias o temas repetidos en textos anteriores.  Así pues se destacaron la cuestión Palestina; la independencia de Puerto Rico; la erradicación del terrorismo; los refugiados del medio Oriente.

Más delicado aún fueron los presuntuosos anuncios de que bajo la presidencia de Maduro se promoverá la “la democratización de la ONU”.  En suma, se trató de un “show mediático” para organizar una cumbre de países unidos más por sus recelos que por sus intereses compartidos; cuyas decisiones tienen muy poco que poco aportar  a los temas centrales de la agenda internacional y en el que se despilfarraron ingentes recursos en un país afectado por la más grave crisis que ha vivido el país.  

Arbitrajes internacionales

Dentro de este balance de la política exterior deben incluirse los reclamos arbitrales que tiene pendientes y/o ha resuelto ya la República ante el CIADI, foro éste en el que Venezuela, resultó demandada más de cuarenta veces, compitiendo con la Argentina de Kirchner por el puesto de mayor número de casos tramitados.

De los casos concluidos o pendientes, casi todos por expropiaciones, la República ha sido condenada en la mayoría de ellos, en algunos por sumas muy significativas que  no se han podido cancelar.

Cuando en enero de 2012 el Presidente Chávez denunció la adhesión de Venezuela al acuerdo CIADI lo hizo alegando razones de soberanía y de prejuicio en contra del país. Sin embargo, transcurrido el plazo de seis meses para que la denuncia surtiera efecto (25 de julio de 2012) resultó que las demandas han continuado no ya por el Acuerdo Constitutivo sino en virtud de los tratados bilaterales de protección de inversiones con Holanda, Chile, Canadá, etc. que obligan a Venezuela a acudir a los litigios que se plantean en su contra.

Hoy día existen reclamos en diversas fases procesales que implican millonarios pasivos  actuales o potenciales para el país entre ellos el de Conoco/Phillips, Exxon/Mobil, Rusoro, Vestey, Crystallex,  Tidewater, etc.

La imposibilidad económica y falta de voluntad política para atender estas obligaciones repercute desfavorablemente en el prestigio del país y genera la imagen de que se trata de una jurisdicción poco confiable para colocar inversiones extranjeras.

Caracas, diciembre de 2016




El Grupo Ávila es una agrupación informal, compuesta por diplomáticos, analistas políticos, profesores universitarios e investigadores en las áreas de relaciones internacionales y las ciencias sociales, preocupados por el acontecer internacional y nacional.

martes, 13 de diciembre de 2016

Los derechos humanos en la Venezuela actual.

Fernando Gerbasi
@fernandogerbasi


El pasado 10 de diciembre se conmemoraron 68 años de la adopción por parte de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que contempla una variedad de derechos que van desde los civiles y políticos hasta los sociales, económicos y culturales, sin separaciones o diferencias entre unos y otros. Esta Declaración fue una clara respuesta a los horrores a los que llevó al mundo el fascismo europeo, representado esencialmente por Hitler y sus políticas de exterminio racial; también fue parte de un nuevo orden internacional que se estaba instaurando como consecuencia del triunfo aliado en la segunda guerra mundial.

La cooperación internacional en materia de derechos humanos no ha hecho que reforzarse a lo largo de estos años. Consecuentemente, la comunidad internacional convencida de la necesidad de darle asidero jurídico sólido ha adoptado un conjunto de tratados internacionales para fortalecer el sistema internacional de defensa y promoción de tales derechos entre los que cabe destacar los siguientes, los Pactos Internacionales de Derechos Humanos de 1966 y la Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1969.

El Estado venezolano es signatario de todos estos instrumentos adoptados con su participación activa y consentimiento. La Constitución de 1999, en su Título III, enuncia los principios fundamentales para el ejercicio de los derechos humanos y el órgano que tiene la responsabilidad de su  promoción, vigilancia y defensa en el país es la Defensoría del Pueblo. No obstante lo anterior, es bien sabido que la Defensoría del Pueblo nunca ha cumplido con su cometido y que la Constitución, por vía de interesadas interpretaciones, ha sido tergiversada y violada en función de los intereses oficialistas.

Todos los Estados, de conformidad con los acuerdos internacionales y de los cuales forman parte, tienen el deber de proteger y promover todos los derechos humanos así como las libertades fundamentales de sus ciudadanos. Estos derechos, por cierto, son universales, indivisibles, interrelacionados e interdependientes, por lo que la privación de un derecho afecta adversamente a los otros. Quienes tienen la obligación de respetar, proteger y promover tales  derechos son los Estados, por lo que quienes están al frente de las instituciones del Estado son los responsables en esta materia.

A partir de febrero de 2014 se desata una violenta represión contra los opositores –ahí están los actuales 106 presos políticos-, por lo que el uso desproporcionado de la fuerza, que trajo consigo asesinatos, tortura física, tratos degradantes, detenciones arbitrarias, procesos políticos y persecución indiscriminada, puso en evidencia el desprecio del gobierno por los Derechos Humanos y el Estado de Derecho. La consecuencia directa de ello ha sido poner de manifiesto  ante la comunidad internacional el carácter dictatorial del régimen. No hay que olvidar que a raíz de todos los avances que se han hecho en el mundo durante estos últimos 68 años en materia de derechos humanos, los gobiernos y la opinión pública internacional, condenan y denuncian aquellos gobiernos que irrespetan los más elementales estándares de los derechos humanos.

En Venezuela hay una constante y cotidiana violación a los derechos fundamentales de los ciudadanos. Tal es el caso del derecho a la vida, problema esencial y fundamental en un país donde están ocurriendo un mínimo de más de 25.000 muertes violentas al año, que nos coloca con una tasa de homicidios de  82 habitantes por cada 100.000, que hace de Caracas la ciudad más violenta del mundo pero también Valencia y Maturín figuran entre las diez primeras.

En Venezuela se está violando el derecho fundamental a la alimentación. Según el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, “el derecho a la alimentación adecuada  se ejerce cuando todo hombre, mujer o niño, ya sea sólo o en común con otros, tiene acceso físico y económico, en todo momento, a la alimentación adecuada o a medios para obtenerla”. En nuestro país no hay acceso físico ni económico, por parte de la población, a los alimentos. Lo mismo ocurre en materia de salud y al derecho que todos tenemos de acceder a ella, ya sea a través de los sistemas de salud pública o el acceso a los medicamentos necesarios para preservar nuestra vida.

Otro derecho fundamental que es violado por el Estado en nuestro país es la libertad de expresión, que es la columna vertebral de cualquier sistema democrático. En Venezuela todos aquellos que adversan al régimen y expresan sus opiniones o ejercen su trabajo – ahí está el caso de los directivos de El Nacional, Tal Cual y La Patilla – son perseguidos o encarcelados por sus ideas.

La oposición tiene que ser más firme y constante en la denuncia bien fundamentada, en los foros correspondientes así como ante la opinión publica mundial, de las innumerables violaciones por parte del régimen de los derechos humanos en nuestro país pues esto es lo que más motiva a los gobiernos, a las ONG y a los ciudadanos del mundo en general,  a condenar  a regímenes como el venezolano.

12 de diciembre de 2016.


Publicado en: www.elcorreodelorinoco.com  

domingo, 4 de diciembre de 2016

Declaración del Grupo Ávila." La irresponsabilidad del gobierno de Nicolás Maduro provoca la salida de Venezuela del Mercosur".

El 2 de diciembre los cancilleres del Mercado Común del Sur, estatutariamente facultados, notificaron al gobierno de Nicolás Maduro el cese del ejercicio de los derechos de Venezuela inherentes a su condición de Estado Parte del Mercosur.
El único responsable de esta lamentable decisión es el mal llamado gobierno bolivariano por sus erráticas e ideologizadas políticas y su irresponsable desdén, al no incorporar a la legislación interna en su debido momento, las normas  adoptadas por el bloque regional, tal como fue el compromiso adquirido en el Protocolo de Adhesión.

La conducta autoritaria e inconstitucional del gobierno de Nicolás Maduro, más allá de estos incumplimientos de la normativa comercial, tampoco se ajusta a las disposiciones establecidas en los Protocolos de Ushuaia sobre Compromiso Democrático que exigen respeto por la democracia y los Derechos Humanos, como condición insoslayable para pertenecer al bloque y gozar de sus ventajas.
Por otra parte, su reiterada negativa a una solución pacífica, democrática, constitucional, y electoral a la grave crisis que vive el país, constituye una amenaza a la estabilidad política y social de la región.

Esta decisión no es contra Venezuela sino contra un gobierno que se conduce en el plano internacional de manera irresponsable afectando la credibilidad y prestigio del país.

Como consecuencia de esta medida, Venezuela queda suspendida del bloque de integración en tanto que miembro de pleno derecho, perdiendo así un conjunto de prerrogativas que afectan a nuestro país. Ya antes había sido rechazada de ejercer la Presidencia Pro tempore del Mercosur por las mismas razones que ahora llevan a su suspensión por tiempo indeterminado y a tener que renegociar un eventual reingreso.

Debe recordarse que el ingreso de Venezuela al Mercosur se hizo de manera apresurada, motivado por consideraciones fundamentalmente geopolíticas, que poco aportaban al interés nacional y al desarrollo integral de Venezuela. Fue además una decisión de espaldas al país, violentando el ordenamiento jurídico del bloque, atropellando los derechos de otro Estado miembro como Paraguay y valiéndose de las afinidades ideológicas que predominaban en ese momento.

Hoy el gobierno de Maduro está pagando el precio de esa irregular situación quedando fuera de los dos principales esquemas de integración regional: la Comunidad Andina de Naciones  y el Mercado Común del Sur, acentuando de esta manera su aislamiento de la comunidad hemisférica y regional.

Caracas 3 de diciembre de 2016




El Grupo Ávila es una agrupación informal, compuesta por diplomáticos, analistas políticos, profesores universitarios e investigadores en las áreas de relaciones internacionales y las ciencias sociales, preocupados por el acontecer internacional y nacional.


lunes, 21 de noviembre de 2016

De los narco-sobrinos al narco-régimen.

Fernando Gerbasi
@fernandogerbasi

Es cierto que desde hace unas dos décadas Venezuela es considerada, a nivel internacional, un importante país de tránsito para el paso de narcóticos hacia mercados importantes de consumo como los Estados Unidos  y Europa. No obstante, existe una gran diferencia entre lo que ocurría en esta materia en los años noventa y la manera y forma cómo se nos ve, en este delicado asunto, desde mitad de los años dos mil.

Venezuela, por su localización geográfica y la extensa frontera que la une a Colombia, es un paso que pudiera considerarse natural para el tráfico de droga en especial la que va destinada a Europa,  producida en Colombia e incluso en Perú y Bolivia. Por ello, las autoridades venezolanas, en conjunción con las colombianas y a través de los correspondientes acuerdos bilaterales, combatieron y de manera denodada el tráfico de narcóticos por nuestro territorio durante la década de los noventa. En esa época no se señalaba a personas o instituciones venezolanas como engranajes del narcotráfico, mucho menos al gobierno; en cambio, y particularmente a partir de la segunda mitad de los años dos mil, es más que normal denunciar a personas, políticos, militares, empresarios e instituciones nacionales, como sujetos integrantes de bandas organizadas de narcotraficantes.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés) del  Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, decidió desde el año 2008 y como consecuencia  de lo que fuera encontrado en las famosas computadoras del jefe guerrillero colombiano alias “Raúl Reyes”, que varios venezolanos estaban incursos, conjuntamente con las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia, FARC, en  el negocio del narcotráfico. Esta lista ha sido ampliada posteriormente por lo que al día de hoy hay nueve venezolanos incluídos en ella. Estos venezolanos proceden de distintas formaciones y orígenes y a pesar de que la mayoría son militares retirados todos se destacan por ser miembros del partido de gobierno o afines al régimen por lo que han ocupado o ocupan cargos de ministros, gobernadores, diputados o miembros de los servicios de inteligencia y contra inteligencia.

A pesar de que Venezuela es un país en el que no se cultiva, no se produce coca –aunque desde algunos años han aparecido algunos laboratorios en suelo venezolano- se ha convertido, a los ojos del mundo, en un gran centro del narcotráfico internacional como país puente o de tránsito. De conformidad con expertos en la materia, se ha utilizado la presión política y el control sobre las vías de comunicación, puertos y aeropuertos, para que venezolanos se involucren y se lucren directamente de este nefasto negocio que tanto daño le hace a la humanidad y muy particularmente a la juventud del mundo. Desde territorio venezolano parten aviones cargados de droga con destino a Honduras y Guatemala y de ahí, por tierra, hacia los Estados Unidos. Por mar llega la droga a las costas africanas y desde ahí siguen hacia España para penetrar a Europa. Fuentes europeas han señalado que el 60% de la coca que ingresa a Europa por África procede de Venezuela.

Si alguien pudiera haber tenido dudas sobre esta lamentable y desacreditadora situación no tiene sino que referirse a la reciente decisión tomada por un jurado independiente de 12 personas, escogidas entre más de 90, que en la ciudad de Nueva York encontraron culpables por unanimidad a Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, de haber conspirado para introducir y distribuir grandes cantidades de droga -800 kilogramos- en los Estados Unidos, lo que está penado con un mínimo de 10 años de cárcel y como pena máxima la cadena perpetua,  ya  que fueron calificados desde un principio por la fiscalía como cabezas de una organización criminal.

Como ambos traficantes son sobrinos de la pareja presidencial venezolana –que por cierto guarda total silencio después de la decisión del jurado-, la noticia de dicha culpabilidad ha dado, como es más que normal, la vuelta al mundo y ha hecho que ahora, más que nunca, se mire a Venezuela como un narco-régimen o narco-estado.

Cuánta razón tiene el ex presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, cuando declara lo siguiente: "Lo que tiene Venezuela es un narco - estado; muchos de los altos funcionarios de ese gobierno han estado involucrados en narcotráfico y saben qué futuro les espera cuando abandonen el poder", advirtió el ex mandatario. "Esa es la razón fundamental para negarse a que se haga el referendo revocatorio en ese país", añadió.

21 de noviembre de 2016.


Publicado en: www.elcorreodelorinoco.com